viernes, febrero 02, 2007

Valoración final/personal del curso “Historia económica de la Edad Moderna”, año 2006/2007.
Una vez finalizadas las clases, el trabajo y el contenido del blog personal y, con ello, conocido y aprehendido tanto el temario como la praxis educativa se hace necesario valorar al menos brevemente todo ello.
Como se indicó en la primera configuración del blog, la forma de realizar las clases teóricas y el trabajo práctico ha conseguido mostrar lo positivo que se encuentra en ello. Aparte de las clases típicamente “magistrales” se hace posible una interactuación entre el alumno y el docente, por medio de las puestas en común sobre los temas y cuestiones planteadas, además de poderse en tela de debate y crítica los resultados y las tesis propuestas entre todos los integrantes del curso, lo cual no siempre es posible debido a la tipificación del sistema educativo español, verdaderamente pasivo y sin formulaciones críticas sobre los acontecimientos y asuntos tratados en la materia, lo cual es un logro y un acierto por parte del profesor David Alonso.
La creación de un blog donde se pongan al día tanto las explicaciones en clase (modo de seguimiento individualizado del progreso del alumno) como las valoraciones e ideas surgidas sobre el cuestionamiento de diversos temas, capaces de generar un espacio de opinión y debate productivo, a decir del profesor Habermas, sería un segundo resultado positivo de la asignatura, aunque todavía no se haya podido establecer este núcleo de debates y crítica con toda su amplitud.
El cenit de la propuesta educativa, la elaboración de un estudio realizado en colaboración entre diversos compañeros de clase, ha servido para mostrar la capacidad de éstos de comunicar, enriquecer con aportaciones propias, generar una discusión productiva y alcanzar unas valoraciones finales en forma de un trabajo científico de cierta entidad y magnitud (al menos en folios pero también en ideas y valoraciones para quienes lo llevarían a cabo) que con anterioridad nunca hubiera sido posible sin la colaboración, ayuda y seguimiento del profesor y de los propios debates iniciados en clase por medio de las apreciaciones del resto de compañeros.
Por todo ello, el presente curso, con sus virtudes y sus limitaciones, ha conseguido dar un impulso a la actividad profesional y, a su vez, enriquecer y hacer madurar los conocimientos de la presente materia para el alumno.
Así pues, para finalizar, sería conveniente indicar una cita del abogado y economista austríaco Peter Ferdinand Drucker (1909-2005): "La mejor estructura no garantizará los resultados ni el rendimiento. Pero la estructura equivocada es una garantía de fracaso." Evidentemente, este curso no se corresponde con la equivocación ni el fracaso, sino con una inicaitiva destinada a promover la investigación y el progreso.

sábado, enero 27, 2007

Tema VI. 1.2. Impuestos y Banca moderna.
* Impuestos y recaudación. Los precios.
En los primeros años del siglo XVI se ponen las bases de todo el sistema organizativo de la fiscalidad del Antiguo Régimen, aunque no por ello hay que evitar observar la influencia de la herencia medieval en el fisco, como se puede observar en España. Así pues aparecen las “guardas”, que regirían un determinado asiento financiero entre la corona y particulares, o los sistemas de arrendamiento de impuestos y encabezamientos.
Este sistema impositivo puede estudiarse por medio del análisis de diversos procedimientos de recaudación o de adelanto de bienes, así como por medio del funcionamiento de la relación entre el soberano y sus cortes (peticiones de cargas tributarias[1]) o por el mantenimiento de los privilegios fiscales, especialmente exenciones de pagos, sobre todo lo cual se está produciendo una revisión profunda en la historiografía actual, la cual ha delimitado el radio de alcance de la complejidad de haciendas en la Europa moderna.
Respecto a los arrendamientos de impuestos, éstos se codifican en un sistema de subasta de determinados tributos obtenidos por una compañía o un banquero/financiero que se compromete a adelantar lo estipulado a cambio de un pago paulatino de éstos por la Monarquía, obteniendo como beneficio el arrendatario la diferencia. Por su lado, el encabezamiento corresponde a un acuerdo de ciudades o pueblos por el cual se encargarán de recaudar los tributos, acción supervisada por un delegado financiero real. Para agilizar el proceso, sería muy normal la subdivisión de parte de estos encabezamientos a gremios, sobre todo las alcabalas de vecinos o la “del viento”, o a ciertos particulares vinculados con la banca.
Por todo ello se observan procesos que hacen partícipes a numerosos grupos de personas en el sistema impositivo y en las actividades de los asentistas, caso de la búsqueda de rendimiento fáctico e inversión y/o especulación a favor de su propio enriquecimiento y el de la Monarquía, lo cual podría tener asimismo connotaciones negativas, dependiendo de la fluctuación de los mecanismos mercantiles-financieros y de la quiebra de la hacienda estatal, lo cual podría suponer el desplome de los fondos invertidos y guardaos en la banca por los inversores.
Interesante relación con la recaudación tributaria mantienen los precios. Para su estudio adecuado se hace preciso una revisión de la tan citada “Revolución de los Precios” del siglo XVI, a causa de la diferenciación de factores y evolución del caso español y el europeo: llagada de plata americana, aumento de la demanda y de la población, adecuación y mejora del crédito. Por tanto, la necesidad de superar con un análisis más completo la obra de Hamilton[2] sobre la Sevilla de la época de las grandes exploraciones se habrá de basar en un baremo específico sobre las series de precios españoles del período, con los determinados plazos, contratos, vinculación a otras funciones, etc.
* La Banca moderna.
Durante toda la Edad Moderna se puede observar la división de la "gran banca" en tres niveles, diferenciados pero integrados por distintos intereses:
a) Concentración: La reunión de banqueros y casas mercantiles o de crédito en ciertas regiones o ciudades (Augsburgo, Génova, Amberes) se complementa con la aparición de ferias que favorecen los encuentros temporales de tratos comerciales y financieros entre particulares o agentes estatales y la movilidad de capital.
b) Internacionalización: Desde unos orígenes regionales, la diversificación de centros relativos a las necesidades crediticias o comerciales llevará a la creación de redes conectadas entre sí en un marco geográfico relativamente amplio, desde Median del Campo, Villalón y Medina de Rioseco (Castilla la Vieja), a Lyon, Besançon, Piacenza o Augsburgo, plazas relativamente unidas entre sí por el tránsito de tropas y capital por el Camino Español entre Flandes y el Milanesado.
c) Especialización: Los asentistas, inicialmente dedicados al comercio o la banca, van a ir especializando su labor, lo cual supondrá la evolución de los procedimientos de cambio. Por ello, hacia 1570 ya se evidencia la existencia del banquero profesional especializado y con proyección internacional.
Junto a esta gran banca internacional persiste un tipo de "banca local", asimilada a la anterior. Regulada y controlada por las autoridades municipales en el caso castellano, tiene cierta importancia en los procesos de desarrollo del crédito y la inversión a nivel urbano y rural (5-6 % de intereses anuales), concentrándose en las principales ciudades del reino de Castilla (como ha demostrado Felipe Ruiz Martín en el caso de Medina del Campo en época de Felipe II[3]). Un ejemplo de ello sería el financiero particular Fernando de Madrid (activo entre 1520 y 1530), quien patrocinaría la actividad del concejo, obteniendo una posición privilegiada incluso dentro de las regidurías madrileñas.
Otro tipo de banca se asimila al “banco de Corte”, muy característico de la época de los Reyes Católicos hasta el establecimiento definitivo de la Corte de Felipe II en Madrid. Estará formado por prestamistas que financiarían los gastos del círculo cortesano, otorgando como prestación determinados ingresos tributarios. En este sentido habría que hacer alusión a Martín de Salinas, burgalés que adelantaría dinero a los Reyes Católicos entre 1480 y 1500 a los Reyes Católicos; sus descendientes pasarían al servicio del infante Fernando de Austria, futuro emperador Fernando I, creando por entonces espacios financieros en Flandes y Austria con proyección internacional.
[1] Un estudio interesante sobre la relación Rey-Cortes en el siglo XVI corresponde a CARRETERO ZAMORA, J. M., “Los servicios de las Cortes de Castilla en el siglo XVI”, Cuadernos de Historia Moderna. Número monográfico IV: “Tirar con pólvora del rey, o el dinero de todos. Estudios de hacienda y fiscalidad en la España moderna”, 21, pp. 15-58.
[2] Consultar HAMILTON, E.J., El tesoro americano y la revolución de los precios en España, 1501-1650. Barcelona, 1975.
[3] Consultar RUIZ MARTÍN, F., Pequeño capitalismo, gran capitalismo: Simón Ruiz y sus negocios en Florencia. Florencia, 1990; Lettres marchandes échangées entre Florence et Medina del Campo. París, 1965.
Tema VI.1: La Banca.
A lo largo de la Edad Moderna se produce un enorme desarrollo del mundo financiero y de la banca, debido a una expansión de una economía fuertemente monetaria, además de instrumentos de crédito y una intensa vinculación a la realidad sociopolítica del momento (caso de los sistemas de financiación de los grandes estados autoritarios de Europa Occidental, sobre todo, en la Monarquía Hispánica), todo lo cual facilitaría la disponibilidad de fondos económicos para los Estados y el intercambio comercial entre varias regiones y países del continente o de tierras del resto del mundo.
*Sistemas de crédito.
Un crédito, como tal, es un adelanto de dinero a cambio de un interés; sin embargo, ciertos historiadores de la economía (Muldrew, Clavero) han demostrado que este concepto evolucionaría o tendría diferentes matizaciones a causa de su observación dentro de una determinada perspectiva social.
En sí, el sistema de crédito de la Edad Moderna no conoce fronteras, tal y como se puede ver en los diferentes nexos financieros que se extendían con gran celeridad por toda Europa. Depende sobremanera del clientelismo, un fenómeno que interrelaciona tanto a la nobleza como al campesinado con los flujos de cesión de dinero, y se le considera no tanto como una consecuencia del endeudamiento familiar o personal, ya que existe una connotación positiva en vista de una futura inversión de capital en asuntos mercantiles o industriales[1], o para sufragar los gastos en arte, modos de vida… situados muy por encima de las posibilidades económicas de una nobleza dependiente de las rentas de sus propiedades rústicas. La revisión de la idea de ingreso y gasto, todavía no asentadas firmemente hasta fines del Antiguo Régimen, la pervivencia de la condición de la previsión y del crédito como una parte estructural del sistema económico moderno o los presupuestos ideológicos tanto de la Monarquía (“liberalitas”) como de los particulares, serán factores necesarios para el análisis fehaciente y científico de estos procesos dentro de la sociedad europea de toda la Edad Moderna.
El crédito no solo aúna a los financieros con los distintos integrantes de los estamentos sociales, desde la alta nobleza hasta los pequeños propietarios rurales, ya que se va a mostrar como un factor capital para el sostenimiento de las monarquías o estados modernos. En este sentido, existen dos tipos de préstamos bancarios para calmar las necesidades palatinas o políticas de los soberanos absolutos:
a) Renta flotante: vinculada a préstamos de plazo corto, lo cual supondrá la existencia de intereses altos, para movilizar moneda con rapidez en caso de gastos inmediatos en toda Europa o el mundo ultramarino vinculado a ella. Un caso particular español será el “asiento”. Originado en la época de los Reyes Católicos e institucionalizado con Carlos I, será una operación de adelanto de dinero y de cambio de moneda con el objetivo de enviar capital o moverlo en otros espacios de los negociados, mediante los cuales la banca obtiene pingües beneficios por los desequilibrios de la valoración de moneda, resintiéndose la Real Hacienda de la pérdida de buena moneda (real de a 8) enviada al mercado extranjero. Los principales asentistas del periodo 1517-1700 serán los genoveses (Spinola, Centurione, Doria, Grimaldo, Grillo…), aunque también participarán del sistema de los “asientos” otros financieros florentinos (Strozzi) y alemanes (Függer, Welser) en época de Carlos I, o portugueses (Pessoa) y españoles (Malvenda, Salinas, Ruiz…) ya a fines del siglo XVI y durante el siglo XVII.
b) Renta consolidada: capital aportado para devolverse a largo plazo (e incluso a tiempo indefinido), que evolucionará hasta convertirse en la deuda de Estado actual (“juros” españoles, “bonds” ingleses, “rentes sûr l’Hôtel de Ville” franceses). Respecto a los tipos de juros, existentes ya a fines de la Baja Edad Media española, se dividen en varios tipos, sobre todo, a causa de la duración de ellos: “al quitar” (a largo plazo), “perpetuo” (de por vida), “de heredad” (sin limitación acordada, se concedía como merced a los nobles “por siempre jamás”, formando a integrar parte de los mayorazgos) y “de resguardo” (se darán desde las primeras grandes bancarrotas hacia 1560, significan una garantía crediticia para los asentistas o banqueros).
*Bancarrotas.
La suspensión de pagos o bancarrota demostraba a los financieros de la Corona la incapacidad del Estado para devolver los créditos e intereses concedidos con anterioridad (todavía vigentes) para sufragar los gastos normalmente vinculados a la compleja política internacional de los monarcas. Durante el siglo XVI, en el reinado de Felipe II, se producirán cuatro quiebras de la Real Hacienda para con los asentistas de la Monarquía Hispánica (1557, 1560, 1575, 1596), ante quienes se realizará una renegociación general de los contratos (el denominado “medio general”), con lo que se devuelve parte del préstamo no con dinero líquido sino con juros “de resguardo” o, ya en el siglo XVII, con la enajenación de jurisdicciones de lugares, vasallos y rentas[2].
[1] Asunto en revisión en la actualidad, como expone el profesor Bartolomé Yun-Casalilla en un reciente estudio que analizaría la posición de la nobleza británica y española en relación a su actividad inversora, de donde se indica la cercanía de estos dos grupos, pese al peso de los postulados de la historiografía tradicional. Para más información, consultar YUN-CASALILLA, B., “Redes urbanas atlánticas en la formación de Europa (1500-1800). A favor y en contra de una interpretación whig de la historia europea”, en FORTEA J. I. & GELABERT J. E. (eds), La ciudad portuaria atlántica en la historia: siglos XVI-XIX, Universidad de Cantabria, Santander, 2006, pp. 355-380.
[2] Sobre la evolución en la escala social de banqueros por medio de concesiones y mercedes reales en el siglo XVII, consultar SANZ AYÁN, C., “Blasones son escudos: el ascenso económico y social de un asentista del rey en el siglo XVII, Bentura Donis”, Cuadernos de Historia Moderna, 20, pp. 33-57.

domingo, enero 14, 2007

Tema V. 6: El desarrollo comercial en el siglo XVIII, las colonias y las compañías.
A lo largo del siglo XVII se genera una situación política, económica, social y cultural que sienta las bases de los futuros cambios del Siglo de las Luces. En este sentido se observa la evolución de un grupo social determinado, la burguesía, que producirá la génesis de un pensamiento liberal y librecambista germen de la futura teoría política de autores como Voltaire, Rousseau o Condorcet, así como las tesis de economistas y demógrafos de la talla de Adam Smith, David Ricardo o Malthus.
*De las Compañías comerciales a las Asociaciones de comerciantes.
Para este desarrollo conviene citar la pervivencia y expansión de las compañías comerciales, surgidas en el siglo XVII en países como las Provincias Unidas, Inglaterra y Francia, cuyo modelo será copiado por los más diferentes países del área báltica (Prusia, Dinamarca, Suecia…), de Centroeuropa (la famosa compañía austriaca con sede en Ostende) e incluso en España, con las conocidas empresas particulares, aunque controladas a fin de cuentas por el Estado, Real Compañía Guipuzcoana de Caracas (en Venezuela), Compañía de La Habana (Cuba) y la Compañía Catalana (Manila)[1]. Todas ellas están inspiradas por los respectivos gobiernos, quienes además solían participar o controlarlas, por medio de ayuda legal, financiera o militar. Se encargarán de reproducir las estructuras administrativas estatales en el territorio, a cambio de la explotación económica de aquél, cesión del Estado.
A partir de las décadas de 1760 y 1770, las compañías comerciales entran en problemas graves, debido a la expansión del librecambismo (en el caso español es reconocible, ya que se concederán prerrogativas a ciertos puertos de la península ibérica para el contacto comercial directo, sin necesidad de pasar por Cádiz, sede de la caduca Casa de Contratación), por el cese del crecimiento económico europeo a causa de las sangrientas guerras coloniales y europeas entre 1700 y 1763… Otros factores de importancia para el decrecimiento del poder de estas compañías se encuentra en:
a) Su origen supone restricciones por parte del Estado, ya que se obliga a su supeditación a los intereses y políticas estatales.
b) Los gastos provocados por el control del territorio no serán capaces de ser sufragados por las compañías sin problemas.
c) Tras la Guerra de los Siete Años (1756-1763) los gobiernos hacen partícipes a las compañías de los gastos provocados en el conflicto, ya que se había demostrado el enriquecimiento de aquéllas a costa del comercio con los contendientes, sin observar su bando.
d) Las limitaciones adquiridas a lo largo del periodo, sobre todo a nivel territorial, provocan su estancamiento.
e) Las compañías derivan en grandes construcciones burocráticas, lentas y anquilosadas, por lo que hacia 1770 la iniciativa será llevada por comerciantes privados.
Mientras que se produce el declive progresivo de las estructuras mercantiles de las Compañías Comerciales coloniales, a lo largo del siglo XVIII va a tomar impulso una serie de asociaciones de comerciantes privadas, sin ayuda del Estado, a partir de un capital originado de la fortuna de familias burguesas acaudaladas (en Gran Bretaña también serían partícipes de ello diversos miembros de la nobleza). Entre sus principales características se observa su fácil asociación a otras compañías mercantiles, así como en su capacidad para constituirse y disolverse, además de potenciar una libertad de espacios y mercancías, no limitados por las exigencias de la administración estatal.
*El comercio con América.
Respecto a la América del periodo, en ella se dejan ver una serie de reformas de distinto calado, desde la “liberalización” del mercado esclavista como consecuencia del Tratado de Utrecht, hasta las medidas administrativas y económicas de los soberanos españoles de la casa de Borbón (especialmente Fernando VI y Carlos III) y la génesis de un estado libre, independiente y “revolucionario” en diversas materias, es decir, los Estados Unidos de América.
Por tanto, América atrae la mirada de las nuevas ideologías, como ya se ha indicado, aunque todavía pesa el monopolio de las diferentes metrópolis sobre sus colonias (motivo de las posteriores independencias, tanto para los territorios de Gran Bretaña como para los de Portugal y España). Los cambios más notorios se encuentran en el caso de la producción agrícola especializada (melaza, azúcar, cacao, café, algodón…) y la industria derivada de ello (destilerías de ron, ingenios azucareros, industrias textiles algodoneras…), eminentemente en el área del Caribe y en las costas atlánticas del continente. En este avance productivo, la inversión de particulares y de las citadas compañías comerciales supondrán un factor verdaderamente decisivo.
*El comercio con Asia.
Otro foco de importancia para el conocimiento de las estructuras comerciales mundiales del siglo XVIII se corresponde al continente asiático. Hasta 1760-1770 se proseguían con los patrones y nexos comerciales tradicionales; sin embargo, a partir de estos años, la explotación económica de ciertos territorios bajo dominio británico o neerlandés (India, Indonesia) se vinculará a plantaciones extensivas de productos agrícolas destinados al consumo occidental, como el té o el opio. A estos cambios se ha de sumar la apertura de nuevas rutas de comercio, terrestres en este caso, por medio del interés del imperio Ruso en hacerse un espacio en este lucrativo mercado, y la lenta comercialización de espacios costeros de China, por medio de los intercambios reglados en Cantón por las autoridades manchúes. Sin embargo, la relación y balanza comercial es desfavorable a los estados y comerciantes asiáticos, ya que recibirían plata (allí parará el 35 % de la plata extraída de América) a cambio de la exportación de especias, tintes, sedas, cafés, té, nitrato…
*El comercio en Europa.
Por su parte, el comercio entre las diversas regiones y estados de Europa mantiene una dicotomía entre la continuidad tradicional de mercados y negocios, y la creación de nuevas redes de intercambio y su expansión hacia espacios más apartados, como Rusia o las tierras balcánicas arrebatadas por Austria al imperio Turco. Respecto a los productos comerciales, se mantiene la exportación de productos agrícolas y productos derivados manufacturados (cereal, vino) hacia las tierras del centro y norte de Europa, centros de producción siderúrgica, textil y de fábricas destinadas a un uso militar, naval sobre todo.
Otro aspecto de importancia dentro del circuito europeo será el desarrollo de redes financieras, más densas y complejas, resucitando la figura del comerciante-banquero renacentista, aunque adaptado a los nuevos tiempos e ideas, primero proteccionistas, y posteriormente librecambistas. Junto a este personaje, está asociado a él la potenciación estatal a las ferias, ahora mucho más especializadas y centralizadas, como se observa en el caso de Frankfurt, una de las sedes financieras más importantes de la Europa del siglo XVIII.
[1] El origen primitivo de, al menos, la teoría sobre la necesidad de crear una serie de compañías de comercio al estilo holandés y, con ello, abrir el comercio con las Indias y España a comerciantes extranjeros y revitalizar la economía española se encuentra en las ideas del secretario de Despacho Universal y futuro consejero de Indias, Manuel Francisco de Lira y Castillo, según se desprende de un memorial de 1690 (LYNCH, J., Los Austrias (1598-1700). Barcelona, 1993, pp. 368-369).
TEMA V. 5: El comercio moderno en el área del Atlántico.
En el área atlántica se produce una navegación de cabotaje, aunque poco a poco toma forma una de carácter transoceánico, debido a los descubrimientos de nuevas tierras hacia el Poniente, en América. Después de los primeros siglos de la Edad Moderna las transacciones comerciales se normalizan y evolucionan en gran medida, produciendo una serie de transformaciones sociales de gran calado, caso de la exportación hacia Europa de productos como el té y el café. De una práctica elitista, estos exóticos alimentos serán consumidos por otras capas sociales de manera cada vez mayor. En este sentido, como afirma el profesor Bartolomé Yun Casalilla, se liman las limitaciones sociales, potenciándose un pensamiento igualitarista contra las diferencias de la sociedad del Antiguo Régimen.
América, tras los procesos de descubrimiento, conquista y asimilación cultural, se ha convertido en uno de los soportes del comercio a larga distancia con otros continentes, especialmente Europa (manufacturas), Asia (materias primas y ciertos productos de lujo) y África (esclavos). La explotación por parte de las autoridades coloniales, en el plano económico, muestra una serie de connotaciones de suma importancia para su desarrollo, caso del monopolio, la relación desigual de intercambios entre la metrópoli y las colonias (manufacturas por materias primas, perjudicando la evolución industrial de América), y los tipos de explotación, la minera en Perú y Nueva España, y la agrícola en Nueva Granada, las Antillas y la costa Este de Norteamérica.
La explotación económica se vincula a la iniciativa privada, aunque supervisada por las autoridades estatales, quienes recibirían pingües beneficios en forma de tributos de la más distinta índole. La coexistencia de intereses mutuos entre los particulares y la Monarquía, sobre todo en la América española, favorecerá el avance económico del Nuevo Mundo (para ello se puede acudir a la historia de personajes como Colón, Cortés, Pizarro…). Como amparo de beneficios, la búsqueda del monopolio frente a agresiones extranjeras y el fraude, las autoridades españolas promoverán la creación de la Casa de Contratación sevillana y el Consejo Real y Supremo de las Indias (en el primer tercio del siglo XVI)[1]. Sin embargo, el monopolio estatal no impedirá la participación de capital extranjero (flamenco, genovés y portugués) en el comercio americano, de manera irregular pero continuada, por lo que arbitristas como Sancho de Moncada confirmarán que las Indias españolas se habrían convertido “en un Paraíso” para estos comerciantes.
Los productos básicos del comercio con América serán materias primas y metales exportadas hacia la metrópoli (oro, plata, maderas, tabaco –s. XVI-, pieles, algodón –s. XVII-, café, melaza, ron –s. XVIII-), a cambio de paños, vinos y objetos de uso cotidiano traídos hacia las Indias Occidentales.
En el comercio español existían dificultades para la moneda, todavía con importante valor intrínseco, ya que antes de la creación de cecas en América (serán de importancia las de Potosí, Lima y México), era escasa y poseía, por ende, un valor muy superior al de la propia España. Todo ello supuso un verdadero auge del trueque o el aumento de los precios por medio de procesos especulativos controlados por los agentes estatales en América (por tanto, las redes de comercio habían derivado en una serie de enlaces de información privilegiada en el plano económico y fiscal).
Respecto al modelo portugués, su presencia firme se encontraba en la costa brasileña, de Pernambuco a Sao Paulo, pasando por Bahía y la pequeña Río de Janeiro. A decir del los estudios sobre el Portugal moderno (sobre todo en los estudios de los profesores Fernando Bouza y Rafael Valladares), habrá una inicial explotación del territorio descubierto con orígenes feudales, aunque derivará en dos procesos, uno de ocupación militar completa del territorio, como ocurriría en las Indias españolas, o bien el establecimiento de un sistema comercial de factorías. El primer modelo se lleva a cabo en Brasil, soportando con éxito la presión neerlandesa a las décadas iniciales y centrales del siglo XVII, mientras que las factorías sólo tendrán cierta vigencia en territorios africanos de la costa guineana, angoleñas y de Mozambique, y en la India y el Lejano Oriente, como demuestran las colonias de Goa y Diu (India), Malaca y Timor (Insulindia) y Macao (China).
[1] SCHÄFER, E., El Consejo Real y Supremo de las Indias. Su historia, organización y labor administrativa hasta la terminación de la Casa de Austria. Vol I. Madrid-Valladolid, 2003, pp, 31-77.

viernes, diciembre 22, 2006

Tema IV. Explotación y comercio de la sal y el vino. Variedades de comercio naval.
a) La sal; características de su tenencia y explotación. El caso del vino.
La sal ha sido, a lo largo de la historia, un producto sobre el que ha pesado la autoridad de la monarquía, por medio de una de sus variadas regalías, es decir, un derecho propio de los reyes para controlar una serie de aspectos económicos (producción, aranceles…) que fortaleciesen su situación en el plano socioeconómico dentro del Estado.
Este derecho inalienable de explotación y distribución de la sal, común a muchos de los países de la Europa moderna, se arrienda para su puesta en práctica a una serie de particulares, aplicándose un porcentaje del 15 % que recibiría el monarca como beneficio.
Otra característica común europea de esta explotación-comercio de la sal corresponde a que sus arrendatarios (individual o colectivo) suele ser un personaje que se vincula al arriendo de los impuestos al hacer valer su poder económico. Un ejemplo de ello, expuesto en clase, será el de Pedro González de León quien, hacia 1520, arrienda el alfolí de la villa marinera de Avilés, comprometiéndose a mejorar las instalaciones de producción de sal cuando recibe el arriendo salario por cesión de Carlos I.
Por otra parte, es preciso comentar brevemente la suma importancia de la comercialización del vino, sobre todo en el marco geográfico ibérico (Oporto, Canarias, La Mancha) y en el Midi francés (área de Marsella y de la Provenza), ya que cuentan a lo largo de la Edad Moderna con una serie de nexos mercantiles en toda Europa o África, forjando redes de intercambio muy interesantes para el estudio económico.
b) Comercio transoceánico con África y Asia.
La navegación de cabotaje había sido planteada entre ámbitos comerciales locales o de media proyección geográfica, pretendiendo evitar percances mayores, naturales o humanos (lo cual se extiende a la navegación militar o de pasajeros, como narra el marino hispanoportugués Pedro Fernández de Quirós en su viaje a Italia en 1599[1]), muy típica del mundo mediterráneo desde épocas remotas, aunque también extensible a espacios del noroeste europeo y del Báltico, caso de la navegación y contactos comerciales de la Hansa germánica.
Los descubrimientos transoceánicos, en los continentes de África primero, y posteriormente en Asia y América, favorecieron un gran desarrollo de la navegación a largas distancias, con el objetivo de crear rutas y redes de comercio mediante las cuales obtuviesen pingües beneficios mercantiles. Será una actividad naval inicialmente copada por portugueses y castellanos, pero avanzando el tiempo, abierta a navegantes de otras nacionalidades, caso de ingleses, holandeses o franceses.
Ruta con Asia y comercio africano:
Iniciada por Marco Polo, viajero veneciano medieval, la expansión militar y económica de los turcos otomanos en el siglo XV cerraría el acceso europeo a la Ruta de la Seda, existente desde la Edad Antigua. Por causa de ello los marinos portugueses, ya en época del infante Enrique el Navegante, dieron comienzo a la exploración y creación de bases navales y factorías comerciales por la fachada oeste del continente africano (Ceuta, Tánger, Arzila, Madeira, San Jorge de Mina...), abriendo mercados que nutren de oro africano y materias primas exóticas a Portugal, y desde allí, a toda Europa.
La negativa lusa a compartir estas rutas con otras naciones, sobre todo, con Castilla (motivo de fricción continua durante la época de los últimos Trastamaras), llevaría a los comerciantes y marinos castellanos a buscar alternativas, alcanzándose por medio de Colón el descubrimiento de nuevos mercados y tierras vírgenes para la explotación directa en América.
Comercio oriental: China, India, Islas de Especiería y Filipinas.
El doblamiento portugués del Cabo de Nueva Esperanza a fines del siglo XV y la llegada de Vasco da Gama a Calicut, en la India, supuso un verdadero aliciente para las transacciones transoceánicas entre Portugal y estos espacios mercantiles. La ocupación militar por medio de los virreyes lusos de bases desde Mozambique hasta China, pasando por Mascate, India, Ceilán o Malaca, tuvo como consecuencia el aprovisionamiento de materias primas destinadas a la incipiente industria manufacturera portuguesa y, además, un enriquecimiento generalizado en las capas altas de la sociedad y en la Monarquía de Manuel el Afortunado y sus descendientes.
Celosos guardianes del monopolio establecido en estas tierras, consiguieron alejar durante medio siglo las ansias comerciales de los españoles (renuncia de 1529 por parte de Carlos I a cambio de 350000 ducados), hasta que la unión de reinos sancionada en las Cortes de Tomar de 1581 liberalizó el comercio sólo a favor de los súbditos de Felipe II, españoles principalmente, quienes ya se habían establecido en las Molucas y Filipinas desde varias décadas atrás. Este comercio será deficitario para los europeos, ya que se exporta plata a cambio de materias preciosas (porcelana, especias, productos de lujo…), actividad en donde los religiosos católicos tendrían una grandísima importancia.
La guerra de la Monarquía Hispánica abierta ingleses y neerlandeses forzó este monopolio ibérico, ya que los soberanos hispanoportugueses (hasta 1640) y españoles y lusos por separado desde la rebelión portuguesa de 1640 no serían capaces de acabar con las injerencias mercantiles de los citados ingleses u holandeses, ya firmemente asentados en la India o las Islas de Especiería.
[1] “(…) Fui siguiendo mi viaje hasta Cartagena de Levante, en todo lo cual me pasaron varios sucesos; y habiendo llegado las galeras de Italia, me embarqué en ellas por San Juan, y fuimos costeando por Valencia y Barcelona. A quince de agosto atravesamos el golfo de Narbona, y poco después desembarcamos en el puerto de Baya, que está en el Ginovesado (…)”, en P. FERNÁNDEZ DE QUIRÓS, Descubrimiento de las regiones austriales (ed. R. Ferrando), Madrid, 1986.
VATEL: Crítica sobre la economía palatina francesa en la época de Luis XIV.
La política, sociedad y economía, amén de la cultura, en la Francia absolutista del reinado de Luis XIV ha tenido en numerosas ocasiones un reflejo en la cinematografía, como demuestran títulos relacionados con la saga de los Tres Mosqueteros (ambientada en la época de Luis XIII y su hijo y sucesor, el Rey Sol) o con la vida del monarca Borbón. En este sentido merece hacerse una reflexión breve sobre un título no demasiado conocido por el gran público, pero que como consecuencia de su excepcional recreación de los fastos versallescos (en este caso, expuestos en el palacio de Chantilly) y de la magnífica interpretación de los protagonistas, merece nuestra atención.
Interesante análisis sería el de la confusa vida del citado Vatel. De origen suizo, Fritz Karl Vatel (1635-1671) pasaría la mayor parte de su corta vida en Francia, al servicio del ministro de Estado y superintendente de finanzas Nicolas Fouquet, y posteriormente al del Príncipe de Condé. Mitificado gracias a los pocos datos sobre su vida y por su fantástica muerte[1], suicidado por causa de la falta de pescado en los banquetes que coordinaba en Chantilly en honor a Luis XIV, nos encontramos ante un sirviente genial, que todavía no daría el paso hacia la liberación de su persona y obra ante el régimen señorial existente, pese a lo cual su muerte “romántica” preludia su profunda vinculación hacia su trabajo, supeditando su genio hacia su propia vida.
Así pues, dejando de lado la vida del maestro de ceremonias Vatel y la historia dramática del film, nos podemos detener en un aspecto puramente económico: la trama argumental coincide con la visita de Luis XIV al Príncipe de Condé en 1671 para dirimir las rencillas surgidas entre ambos durante la Fronda y los servicios militares de Condé a la Monarquía Hispánica en la década de 1650. Junto a la solución de los problemas citados, el anciano militar deseaba complacer al monarca galo durante su visita a Chantilly para resolver los graves problemas económicos de su hacienda, muy mermada por los vaivenes políticos de Condé, objetivo máximo, según se desprende de la película, de éste.
A lo largo del film se aprecia el funcionamiento de un palacio en el mundo barroco, desde la infraestructura (cocineros, jardineros, albañiles, carpinteros, transportistas y arrieros, acreedores…) hasta lo más visible para los anfitriones e invitados (actuaciones musicales y teatrales, bailes, pantagruélicos festines…), dentro de un complejo sistema organizativo del barroco, en donde el maestro de ceremonias (en este caso, el celebrado François Vatel) era la pieza clave para su sostenimiento.
De manera preciosista e, históricamente, impecable el director Roland Joffé ha conseguido dar vida a una época capital para la historia de Europa, poniendo en imagen la realidad socioeconómica francesa que ha sido tan estudiada por historiadores de la talla de Germain Martin, Jacques Saint Germain o Paul Poisson de Bourvalais, en el marco económico, o Jean-Louis Thireau, Pierre Goubert o Jean-Christian Petitfils, en el espacio político y administrativo.
En este sentido se analiza detalladamente el funcionamiento de los sistemas de producción palatinos, relacionados con la intendencia material y el crédito financiero, en este caso, de un mundo no-urbano, sino muy apegado a la realidad rural. Las conexiones entre el arte y la propia producción manufacturada (por medio de carpinteros, jardineros o técnicos de las más diversas materias) generarán un resultado final verdaderamente espléndido, como puede considerarse el bon gôut de la aristocracia francesa en el mundo del barroco pleno.
VATEL (ficha técnica):
Dirección: Roland Joffé.
Paises: Francia / Reino Unido.
Año: 2000.
Duración: 117 min.
Interpretación: Gérard Depardieu (François Vatel), Uma Thurman (Anne de Montausier), Tim Roth (marqués de Lauzun), Timothy Spall (Gourville), Julian Glover (príncipe de Condé), Julian Sands (Luis XIV), Murray Lachlan Young (Felipe de Orleans), Hywel Bennett (Colbert), Richard Griffiths (dr. Bourdelot).
Guión original: Jenne Labrune.
Adaptación inglesa: Tom Stoppard.
Producción: Alain Goldman y Roland Joffé.
Música: Ennio Morricone.
Fotografía: Robert Fraisse.
Montaje: Nöelle Boisson.
Diseño de producción: Jean Rabasse.
Dirección artística: Louise Marzaroli.
Vestuario: Yvonne Sassinot de Nesle.
[1] La única información verídica sobre su vida, a falta de un estudio profundo de la documentación de los archivos particulares de Condé y Fouquet, corresponde a una carta de Madame de Sévigné dirigida a Madame de Grignan, que se expone en las líneas siguientes: "Mais voici ce que j'apprends en entrant ici, dont je ne puis me remettre, et qui fait que je ne sais plus ce que je vous mande : c'est qu'enfin Vatel, le grand Vatel, maitre d'hotel de Mr Fouquet, qui l'était présentement de Mr le Prince, s'est poignardé".

sábado, diciembre 02, 2006

Tema III. 6. La agricultura europea en el siglo XVIII.
La Europa de comienzos del siglo XIX estaba mucho más cerca de la tradición de 1700 que de las innovaciones que conducirían a 1900, aunque las transformaciones que se desarrollarían durante el siglo XVIII supusieron serios cambios con relación a los procesos productivos anteriores (sobre todo en las Provincias Unidas y en el Reino Unido).
Así se observa el proceso de mantenimiento de una estructura económica asimilada a una agricultura todavía potente y rectora de la subsistencia y el desarrollo de los diversos países europeos y de sus poblaciones, habitantes del campo en su gran mayoría. Junto al mantenimiento de una sociedad eminentemente rural y estamental, incluso se llega a potenciar desde el poder y la intelectualidad economicista la explotación del campo mediante una agricultura mucho más evolucionada (fisiocracia).
Durante el Siglo de las Luces se observan una serie de cambios (nunca generalizados) que, sin embargo, asientan las bases de una revolución en técnicas y procedimientos productivos que preludiarán la Revolución Industrial. Es reseñable los avances técnicos del británico Tull merced a los cuales consiguió mejorar el sistema de arado y barbecho, facilitando su irrigación y rendimiento natural.
Otros cambios proceden de la modernización paulatina de los aperos de labranza, o la producción incipiente de cosechas de la patata y el maíz una vez superadas las trabas ideológicas ligadas a estos alimentos, así como de otros nuevos cultivos de productos extraeuropeos como el algodón y el tabaco, aunque nunca pondrán en peligro la hegemonía del cereal.
En este siglo se incrementa la producción, sumándose como factor determinante para el alza de precios, lo que en ocasiones supondrá un caldo para los motines de subsistencia y la subversión de las clases populares.
Respecto a la evolución agrícola en las distintas regiones y países europeos se muestran diferencias y semejanzas palpables:
a) Francia: Se observan diferencias notables entre un área eminentemente mediterráneo (Provenza, Languedoc…) y otro atlántico y con conexiones con la Europa continental.
b) Italia: Frente a una tradicional Italia agraria escasamente desarrollada (Mezzogiorno), aunque en vías de un urbanización notable, se sitúa una zona mucho más avanzada en materia agrícola, como será el Valle del Po, tanto en Piamonte como en la Lombardía.
c) España: Contraposición norte-sur. En el norte se cultivará el maíz, patata y se criará ganado bovino. En el sur destacan los regadíos de Levante y los secanos en las tierras del interior, sobre todo, con extensión de la tríada mediterránea.
d) Mundo Atlántico: alta productividad de zonas como los Países Bajos, Normandía, Ulster o Gran Bretaña, donde mayor es la extensión de los fenómenos reformistas en la agricultura y ganadería.

jueves, noviembre 30, 2006

Tema III. 5: La agricultura inglesa.
Los orígenes modernos de la “Revolución industrial” es una afirmación tradicionalmente aceptada por la historiografía, aunque no exenta de duras críticas por parte de autores del siglo XX, como consecuencia del uso de los términos “revolución” e “industria”, muy matizables si se produce un estudio en profundidad del proceso durante la Edad Moderna.
Con respecto a ello, en Inglaterra es observable un proceso de transformación económica en donde la agricultura tenía un peso considerable. Sus principales características son:
a) “Enclosures”: Proceso de cercamiento de tierras. Sus orígenes han de encontrarse en la Baja Edad Media, pero tendría su mayor desarrollo en la Edad Moderna (siglo XVI, en especial). Mejorarán tanto el rendimiento ganadero como el agrícola. Estos cercamientos provocarán un éxodo de parte de la población rural a la ciudad, pero a largo plazo favorecerán el desarrollo industrial inglés merced a una protoindustrialización dirigida por sectores campesinos, deseosos de encontrar nuevas fuentes de ingreso económico para mantener a la familia.
b) Vinculación entre agricultura y mercado: En las cercanías de Londres o Portsmouth se encuentran tierras donde los cultivos están directamente integrados en una red de producción asimilada a su posterior exportación mercantil.
c) Impacto de la inmigración neerlandesa: El larvado conflicto entre las Provincias Unidas y la Monarquía Hispánica se observa un flujo migratorio entre los Países Bajos e Inglaterra que supone, además de un aliciente demográfico, una asimilación nativa de las técnicas y cultivos originales del Continente. Como anotación bibliográfica, los procesos de crecimiento agrario inglés durante la Edad Moderna han sido motivo de numerosos estudios monográficos, artículos específicos o publicaciones colectivas, ya que su tradicional calificación de “modernidad” y “triunfo” de las propuestas económicas más avanzadas dispuestas en el ámbito inglés le convertían en un claro antecedente de la Revolución Industrial (“enclosures”, participación de la “gentry”, capacidad productiva y vinculación a la manufactura y el comercio, etc). En la actualidad el debate historiográfico ha demostrado que existen más paralelismos que diferencias en este proceso entre Inglaterra y determinados espacios geográficos europeos, según las propuestas recientes del profesor Bartolomé Yun Casalilla.
Tema III: epígrafes 1-2.
Tema III. 1) Introducción: La agricultura y su proyección en el sistema económico.
La tierra, como factor de producción, encuentra durante la Edad Moderna un período de grandísimo desarrollo, como causa de su papel hegemónico en las tasas de ocupación humana (principalmente en la Europa más allá del río Elba, aunque también en el ámbito mediterráneo y atlántico) y en el montante total de beneficios y rentas de la actividad económica en toda Europa, al quedar vinculada a la agricultura las otras acciones productivas humanas, la industria-manufactura y el comercio.
El sustento de la población, elemento totalmente dependiente de la producción agraria, supone uno de los puntales del pensamiento económico moderno, ya que esta actividad podía generar junto a ello un stock de excedentes dispuestos a entrar en la economía de mercado (esta afirmación se encuentra en el sustrato ideológico del mercantilismo).
Como consecuencia de los factores climáticos y geográficos, la agricultura se ve limitada en numerosas ocasiones a un cultivo homogéneo de cereales, en especial trigo, avena y centeno, lo cual podía paliar la hambruna endémica de capas sociales de muchas regiones de Europa (la falta de estos alimentos produciría motines de subsistencia). Solo durante el siglo XVII y la siguiente centuria cambiaría esta situación, merced a la puesta en cultivo de tierras con otras simientes en estados más “avanzados” del mundo atlántico, como Inglaterra y las Provincias Unidas.
En estos primeros momentos de la Edad Moderna, los principales caracteres diferenciadores del sistema agrícola son:
a) Problemas con las tierras y las técnicas agrarias, que en general son herederos del medievo, aunque habrá un fenómeno de roturaciones en la primera mitad del siglo XVI y se mejoran ciertas tradiciones productivas (aperos, barbechos).
b) Ley de rendimientos decrecientes: Pese a una doblez de medios, no se consigue ampliar la productividad ni un ilimitado cultivo de tierras, ya que se perdería eficacia y espacios cultivables, agostándose por una mala gerencia de ellos.
c) Escasa producción de carne: Como sucedía en la Edad Media, los animales producen más en el caso de que no fueran sacrificados que si así lo fuesen. Es paradigmático el caso de la oveja, productora imprescindible de lana y leche, cuyo control dependía, en Castilla, del Honrado Concejo de la Mesta, y que suponía un retroceso para la actividad agrícola (la conflictividad ganaderos-agricultores llegará en ocasiones hasta las Chancillerías reales o a instancias del propio monarca).
Tema III. 2) El utillaje y las técnicas de la agricultura.
Los tiempos de la Modernidad no supondrán un cambio radical en el mundo de la agricultura y la ganadería (como sí ocurriría en las manufacturas y el comercio y finanzas). Entre las medidas más destacadas para potenciar la productividad agraria descuellan el cambio del elemento tractor tradicional, el buey, por la mula, mucho menos costosa de dirigir y alimentar pese a las desventajas aparentes por su fragilidad corporal. En el siglo XVII, sin embargo, en muchas regiones de Europa se vuelve a retomar al buey como factor de tracción. Por su parte, en los cultivos se da inicio a un uso mayor de simientes como el nabo o el trébol (agentes natural recuperadores de tierras demasiado explotadas), que poco a poco, se van abriendo espacio en los países atlánticos frente al monocultivo cerealístico.
Junto a estos avances, se hará un uso del barbecho según las teorías de las “dos hojas” y las “tres hojas”. Pese a la evolución de los tiempos, se rechazarían en numerosas tierras continentales el cultivo de la patata por motivos ideológicos y la utilización de otras técnicas o aperos mucho más desarrollados.
Es reseñable indicar las nuevas imbricaciones de la agricultura puesta al servicio de un sistema económico “de mercado”, gracias a su incorporación al incipiente capitalismo (evidencia financiera en el crédito agrícola, común en el siglo XVIII), en teoría favorecido el proceso gracias a la privatización de tierras o la venta de baldíos provenientes de las “tierras de propios y de comunes”, propiedad del ayuntamiento y del común concejil, respectivamente.

sábado, noviembre 25, 2006

Tema III. 4: La agricultura en los Países Bajos.
Los Países Bajos, entendidos como las Provincias Unidas surgidas de la revuelta antiespañola de 1568, poseen la calificación de “motor financiero” de Europa entre 1560 y 1660, como consecuencia de la disposición de sus élites oligárquicas y de su propia estructura social en pro del expansionismo colonial y del patrocinio de una actividad mercantil y bancaria muy intensa. Sin embargo, este desarrollo comercial y financiero de las Provincias Unidas posee en origen una base económica bien distinta, como será la agricultura.
El sector agrícola posee ciertas características que le convertirán en uno de los más avanzados de toda Europa:
- Técnica y mecanismos de producción avanzados (abonos, aperos de labranza, molinos de viento e incluso ingeniería destinada a arrebatar tierras cultivables al mar, los “pólderes”).
- Importación de cereal del Este de Europa (sobre todo de Polonia-Lituania) que cubre las deficiencias de su producción propia, y que además permite dedicar tierras a otros cultivos (especialización agrícola).
- Gran poder de adquisición comercial, lo que supone una agricultura vinculada al mercado (posibilidad mayor de ganancias y distribución productiva para un mayor rendimiento agrícola, cercano a 1 grano de trigo por 11 % de la media de producción de su agricultura).
Hasta 1550 se extendió el cultivo de cereal, con unas tasas de ocupación de la tierra productiva cercanas al 63 %; de allí se dejó paso a cereales mixtos y a la ganadería estabulada, lo cual mejoraba la posición de los campesinos con respecto a la disposición de excedentes alimentarios. Esto se entiende sobre todo por el modelo de distribución de la propiedad de la tierra, dividida casi a porcentajes iguales entre una oligarquía dirigente (tanto nobles como burgueses propietarios) y el campesinado, según una tácita y consuetudinaria tradición que favorecía el acceso a la tierra de aquellos que no participaban de este control de la tierra en la que se ejerce el trabajo propio.
Entre las aportaciones novedosas en la técnica agrícola, en los Países Bajos se potencian las rotaciones sin barbecho, de avena, trébol o lino, lo cual mejoraba las tasas de recuperación de la tierra cultivable, sin posibilidad de agotamiento a corto o medio plazo. Estas medidas suponían una relación directa entre la agricultura y otros medios productivos primarios (ganadería) y secundarios o terciarios (mejora industrial como los nuevos arados o los molinos de viento; puesta en venta de mercado de los excedentes agrícolas o importación de los deficitarios cereales), lo que lleva a pensar que la actividad económica ligada a un desarrollado y “quasi liberal” modelo político burgués supera con creces a la que se halla vinculada a unos régimenes autoritarios y marcadamente mercantilistas, tan extendidos en toda Europa en la Edad Moderna.
Tema III, 3 (Continuación): Servidumbre de la Gleba; Producción y Rendimiento económico; Motines de subsistencia.
a) Servidumbre de la Gleba.
La Edad Media europea se caracteriza por la puesta en marcha de un sistema económico surgido del mecanismo de servidumbre y adscripción a la tierra propiciado por una sociedad de corte feudal.
Las condiciones de rango económico y el propio medio físico y atmosférico de fines del Medievo en las tierras al este del río Elba (parte del Sacro Imperio, Polonia-Lituania, Hungría, principados rusos, Orden Teutónica…) tendrán como consecuencia un alza de precios de los cereales que impedirían la subsistencia vital del campesinado. Este encarecimiento de precios tendrá un consecuente decisivo para el devenir histórico de esta área: la servidumbre de la gleba.
Se trata de un proceso de sometimiento del campesino a la tierra que labran, propiedad de los señores feudales, tanto laicos como eclesiásticos, y que generará un descontento social patente, el cual se traducirá en continuos alzamientos de los desheredados contra sus opresores.
En este sentido, la puesta en trabajo agrícola de tierras hasta entonces no roturadas por la mano del hombre no tuvo en cuenta las condiciones pésimas de su naturaleza productiva, agotándose éstas hacia 1560, quedando inútiles para el cultivo de cereal o para la agricultura, enviando de nuevo a la miseria a numerosos campesinos.
Los problemas de las clases bajas para acceder a unos niveles medios de vida, o incluso de mera subsistencia, empujará a la masa campesina a una actitud de resistencia violenta contra el poder político o religioso, enmarcándose esta situación en un proceso de graves enfrentamientos en toda Europa por motivos religiosos o políticos derivados de la Reforma luterana (guerra de los Campesinos en el Sacro Imperio, 1525-26) o de la actividad centralizadora de los soberanos autoritarios (revueltas de las Germanías y de las Comunidades en Aragón y Castilla entre 1518 y 1521). Sin embargo, según Owers (2005), el Estado moderno podría superar estos cuestionamientos de su poder y del sistema socioeconómico imperante por medio de mecanismos de coacción derivados del ejercicio de su legislación y justicia.
b) Producción y rendimiento económico agrario.
Los medios de producción agrícola en la Europa de la modernidad no alcanzarían nunca una eficiencia total, elemento que se suma a la propia heterogeneidad de sus resultados en los diferentes marcos geográficos europeos.
Las tasas que se ofrecen para el conjunto continental se refieren a la equivalencia 1 grano de trigo por 4’5 %, un nivel relativamente bajo pero que no corresponde a todos los lugares por igual. Es reseñable el caso de Polonia-Lituania, considerado por tratadistas e investigadores antiguos y modernos como el “granero” del ámbito báltico y nordeuropeo, que poseerá unas tasas de producción asombrosamente elevadas si se comparan con las del mundo mediterráneo, a excepción de Sicilia.
Esta productividad agrícola eminentemente cerealística de la monarquía polaca o de la Sicilia española quedará vinculada con un comercio a gran escala de exportación hacia centros deficitarios o de producción secundaria como los Países Bajos o Inglaterra y la Monarquía Hispánica, Francia y los estados italianos, respectivamente, convertidos en centros de redistribución de los cereales, alimento básico de la dieta de los europeos de la Edad Moderna.
c) Motines de subsistencia.
Junto con los anteriores factores, conformadores de la actividad agrícola en los tiempos modernos, hay que mencionar brevemente un proceso muy extendido en toda Europa e inmediatamente relacionado con la economía y producción: los motines de subsistencia.
Fenómenos de diverso origen y finalidad, considerados como consecuencia de la carestía de productos básicos para la alimentación humana, por problemas climáticos y productivos, o por aspectos humanos como la especulación de excedentes alimenticios, tienen una importancia capital para el devenir de la sociedad y de la actividad política. En ellos se observa la manipulación expuesta por grupos sociales deseosos de participación activa en la dirección de la vida económica o política (derivación oligárquica de movimientos inicialmente populares, como las revueltas de Messina y Palermo o de Nápoles contra la Monarquía Hispánica a mediados del siglo XVII), aunque plasmasen un ideal de renovación social o de un reparto más equitativo del potencial económico de un Estado o comunidad.
Tema III. 1 (primera parte): Fisiocracia (orígenes y presupuestos teóricos).
Movimiento de teoría y práctica económicas desarrollado en el siglo XVIII en Francia, desde donde irradió a otros estoados cercanos, como España o ciertos estados italianos y alemanes. Se trata de una verdadera escuela económica que se ajustará a los intereses, en el caso francés, de la órbita de poder cercana al Estado (y con ello, conectada a la Ilustración).
Es escuela porque intenta teorizar sobre la economía pero sin dar ya una importancia mayor a la práctica sobre el pensamiento teórico, lo que se observaría en el mercantilismo. Se parte de teorías homogéneas surgidas de un esquema creado por François Quesnay y difundido por el pensador Nemours, aunque hizo partícipe de ellas a otros autores como Turgot, que ascendería social y políticamente gracias a las condiciones históricas de la Francia de Luis XVI.
La fisiocracia, como se ha indicado con anterioridad, se interacciona con la Ilustración, cediéndose entre sí ciertos puntos de vista o elementos ideológicos, plasmados en artículos de la Enciclopedia francesa o en la dimensión teórico-práctica común en relación al Despotismo Ilustrado.
Las condiciones económicas francesas diferían sobremanera de la de otros estados, como Inglaterra (ya marcadamente virada hacia presupuestos capitalistas que preludiarían el liberalismo de Smith), lo cual influiría sobre las consideraciones ante la tierra y la economía agraria. Se revaloriza el producto de la tierra y ella misma, que por ende supone un afianzamiento de los estamentos propietarios.
Otro factor decisivo para la aparición de esta escuela económica será la débil situación de la economía de Francia a comienzos del siglo XVIII, provocada por la política agresiva de Luis XIV, quien dejaría exhaustas las arcas del Estado y maltrecha la producción agrícola y el ciclo demográfico. Las características de esta crisis forjará un ideal fisiócrata fundamentado en la defensa de la naturaleza frente a la producción industrial-mercantil humana, como propondrían algunos epígonos de la Ilustración. En este sentido se potencia al agricultor frente al mercader como fuente de creación de riqueza, y se conectarán los sectores económicos secundario y terciario con el primario (agricultura y ganadería), que se sitúa a la cabeza del resto de actividades económicas del Estado moderno.